“Necesitamos tropezarnos para aprender”: Aracelly Castro - Serie de Perfiles de Jóvenes Profesionales
“Nunca digas nunca” es la frase que sostiene entre risas Aracely Castro, joven investigadora hondureña especializada en agronomía, cuando se le pregunta de dónde viene su pasión y entrega por la investigación aplicada.
Aracely empezó su camino como investigadora cuando terminó sus estudios de pregrado como Ingeniera Agrónoma en la Escuela Panamericana Zamorano. “Al terminar la tesis me dije a mí misma: jamás voy a trabajar con granos básicos y menos con investigación, lo que quiero es dedicarme a algo quizás más lucrativo”.
Año y medio más tarde, cuando trabajaba como coordinadora de los invernaderos de horticultura de “Zamorano”, se enteró de una convocatoria para trabajar precisamente en investigación de granos básicos y fijación de nitrógeno, enfocado en agricultores de pequeña escala.
Por alguna razón que todavía no logra entender, Aracely aplicó a esta oportunidad y resultó elegida para la que se convertiría en una experiencia reveladora. Su nuevo trabajo implicaba “ensuciarse las manitas de tierra” al lado de los agricultores, a quienes empezó a conocer y gracias a los que logró entender la importancia y el significado que tienen los resultados de investigación como aporte para solucionar sus problemáticas.
Haber conocido estos agricultores es hasta hoy su principal motivación para seguir trabajando en la investigación.
¿Y qué hay del relevo generacional en investigación?
“Es un proceso que toma tiempo y que implica mucho compromiso, ganas de compartir, interés en aprender, escuchar, tratar con respeto y humildad a todos”. Cuatro investigadores han sido hasta el momento los mentores que han compartido con Aracely los pilares que sustentan su labor como investigadora.
El primero fue Alfredo Montes, peruano, quien trabajaba como Jefe de departamento de Horticultura. Montes le enseñó la mística y el amor por el trabajo. “Me dejó muy claro que nuestro trabajo no conoce de fines de semana, ni feriados y menos de fiestas de fin de año”.
Su segundo mentor fue Juan Carlos Rosas, también peruano. De él aprendió “la importancia de creer de verdad en el trabajo que uno hace y en el valor que éste tiene para los que se benefician de él”.
James Beaver fue el tercero y lo conoció en la Universidad de Puerto Rico. “La lucidez y sencillez con que él trabajaba me hizo ver que no hacen falta grandes cantidades de dinero para hacer investigación, lo que se necesita es dedicación, planeación y organización”.
Idupulapati Rao, científico del CIAT es su actual jefe y cuarto mentor. Trabajando con él ha reafirmado su sentido de justicia y generosidad.
“Lograr el relevo generacional en los investigadores implica también que nos den a los jóvenes el beneficio de la duda. Sabemos que nuestros jefes tienen años de experiencia y que nos falta mucho camino por recorrer pero necesitamos tropezarnos para aprender”.
¿Cómo llegó al CIAT?
El primero de los 7 años que lleva trabajando en el CIAT lo vivió desde su natal Honduras trabajando en sistemas de producción artesanal de semilla, es decir, en lo que hoy es conocido como el Sistema Quesungual. Tras ese primer año, se trasladó a Colombia para realizar durante 4 años su doctorado en ciclaje de nutrientes de la Universidad Nacional de Colombia.
Hace ya un año y medio que trabaja como postdoctoral fellow del programa de suelos del CIAT en América latina y desde esta esquina le apuesta con mucha convicción a proyectos orientados a sistemas de producción de pequeña escala que sean sostenibles en el tiempo, resilientes a los drásticos retos que traerá el cambio climático, y productivos sin disminuir, amenazar o destruir la biodiversidad.
“El CIAT es un escenario de aprendizaje continuo que ojalá sea cada vez más aprovechado por las universidades, los gobiernos y centros de investigación de América Latina, para dar a los jóvenes de esta región la oportunidad de aprender y renovar el compromiso con el desarrollo de sus países y de la región”.






